Reportaje realizado por Laia Ruich y Aitor Marichalar para TV3, Televisión de Catalunya

viernes, mayo 29, 2009

FASSMAN, LA BIOGRAFIA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Los amigos de Madrid ya pueden adquirir Fassman, la biografía. El poder de la voluntad en tres librerías de Madrid, Fuentetaja, El buscón y Pérgamo. Las dos primeras están en la Feria del Libro de Madrid. Encontrarán más información sobre los puntos de venta con direcciones y teléfonos en http://www.fassman.es/triagoediciones/puntosdeventa1.html

Seguiremos comunicando nuevos puntos de venta.

sábado, mayo 23, 2009

Fenómenos de feria

Hoy que tengo un poco más de tiempo me apetece compartir con vosotros un trocito de la biografía. Es un fragmento del capítulo cuarto. Empieza con lo que parece una descripción del paisaje, pero que es, en realidad, una reflexión sobre lo que ven los ojos. Estas montañas piden algo más que la contemplación silenciosa; piden que se las entienda. Tratando de entenderlas, logré comprender a mi padre.


IV Fenómenos de feria


El desfiladero de Collegats divide dos mundos. De Collegats abajo, empezando por la comarca del Pallars Jussà, la tierra se deja vivir dando al hombre espacio para construir ciudades, a las bestias prados donde pacer y reproducirse, y a unos y otros, terrenos que se dejan cultivar para alimentarles. Ese pacto de amistad entre la tierra y el hombre termina en Collegats. Allí la montaña parece abrir sus fauces, hasta mostrar sus enormes amígdalas de roca, para advertir con su grito sordo que, de ahí en adelante, todo le pertenece y nada cede sin exigir el máximo esfuerzo. De Collegats arriba, comarca del Pallars Sobirà, toda forma de vida tiene que abrirse paso entre las piedras. Esa garganta que durante siglos desanimó a las tropas conquistadoras de diferentes banderas, ha sido siempre símbolo del orgullo de las gentes de la montaña. Allí empieza el Pallars soberano que apenas conoció el dominio de Roma, que sólo tardó sesenta años en expulsar al sarraceno, que no deja morir la memoria de sus condes medievales porque en ella se reconoce la afirmación de independencia con la que cada cual defiende su individualidad; con la que cada cual defendía, hasta hace muy poco, el derecho a vivir su penuria con orgullo.
En el verano de 1952, un imponente sedán Studebaker negro, traído de América, se acerca a Collegats ocupando casi todo el ancho de la entonces estrecha carretera de Balaguer a Francia. Fassman va al volante. Al llegar al desfiladero disminuye la velocidad para volver a admirar, como tantas veces, la sobrecogedora garganta de piedra.
–Garganta de gatos –le dice a su hija de cuatro años. –Coll, garganta; gats, gatos –repite.
– ¿Los gatos tienen la garganta así? –pregunta la niña.
Fassman estira los labios hacia arriba con una sonrisa que es más bien la mueca de un niño travieso. La hija pronto asociará esa sonrisa a la satisfacción del padre cuando le enseña algo que ella no sabe o cuando le dice una mentira muy gorda que ella finge creerle.
–Sí –contesta Fassman.
El coche acelera carretera arriba dejando atrás l’Argenteria, el Barranc de l’Infern, la Portella de la Pentina, la Font del Racó de la Mosquera, nombres familiares que Fassman va repitiéndose en silencio. Su silencio cuenta la transformación que realiza en su ánimo el paisaje familiar, el saberse en casa. La transformación del ánimo le transforma la expresión de la cara, de los ojos. No es algo que alguien pueda suponer mediante una elaboración subjetiva, más o menos poética. Se trata de una realidad que perciben los parientes y amigos que, conociendo a Fassman fuera de su tierra, le ven transformarse cuando se encuentra en ella. Es Fassman el que llega a Collegats, y alguien distinto el que ocupa su cuerpo al salir de la garganta rumbo a Sort. Quien quiera profundizar un poco en la piel del hombre se dará cuenta de que es José, al que llamaban –y aún llaman los más viejos– en su pueblo, Pep de Mariot, a la edad en que daban que hablar, por todas partes, sus extrañas travesuras. Hasta que el cuerpo del hombre haya cumplido el ciclo de su vida, el niño que se resistió a morir por decreto de una disfunción genética y de los golpes de una infancia brutal seguirá resistiendo la embestida de las decepciones, desilusiones, amarguras y otras causas análogas que acaban matando a la mayoría de los niños.
A unos doscientos metros de Collegats, el coche se acerca al margen derecho de la carretera –no había arcenes– y se detiene a la entrada de un camino. Fassman baja del coche y hace bajar a su mujer y a su hija. El camino muere, cuando apenas acaba de empezar, en un matorral de zarzas, enebros, carrascas. Fassman señala, a lo lejos, un muro de piedra que sobresale en medio de la maleza, un trozo de muro más bajo; las ruinas de una antigua casona.
–Ese es el Hostal de Morreres –dice Fassman–. Allí nació mi madre.
Y su sonrisa de enseñar cosas refleja el orgullo de quien está informando al público sobre la vida de un prócer que acaba de descubrir. La parada es un rito que viene de lejos, quizás de la primera vez que José volvía a su tierra tras una ausencia. Fassman repetirá esa parada ritual cada vez que entre en el Pallars Sobirà hasta la última visita, al despuntar la primavera de 1991, cuando sube a despedirse de su casa antes de morir. “Allí nació mi madre”, decía cuando iba otro en el coche con él, como quien repite una oración para que la escuche un oído invisible. Sabía que quienes le acompañaban ya se lo habían oído decir muchas veces.
María Mir

miércoles, mayo 20, 2009

¡¡¡CASI UN MILAGRO!!!


Sin promoción en los medios, sin distribuidora, sin subvenciones ni ayudas de ninguna clase, con impedimentos muy difíciles de superar, Fassman, la biografía. El poder de la voluntad, sigue abriéndose camino a golpe de voluntad y esfuerzo.


Último éxito: Segundo libro más vendido en la librería Catalònia de Barcelona, una librería de referencia en el panorama cultural catalán desde su fundación en 1924.



Estamos haciendo todo lo humanamente posible para que tener a punto la segunda edición antes de que se haya agotado el último libro.

martes, mayo 19, 2009

¿Dónde está Casa Fassman?

Algunas personas nos han preguntado si se puede visitar el monumento donde están enterradas las cenizas del profesor Fassman y de su madre. Sí, se puede visitar. Nuestra verja está siempre abierta y quien lo desee puede acceder al jardín de casa. Sólo hay un pequeño inconveniente: cómo llegar.
Tomando la carretera de Vilamur, hacia la Seu d'Urgell, el útlimo bar de Sort se encuentra a la izquierda. A la derecha de ese bar, sube un camino que recorre en paralelo todo el pueblo por el margen izquierdo del río. Siguiendo ese camino, sin desviarse ni a izquierda ni a derecha, se llega a una encrucijada en la que el camino se bifurca. Un ramal, a la izquierda, baja hacia el río, y otro ramal, a la derecha, sube montaña arriba. Casa Fassman se encuentra a unos cincuenta metros por el ramal que sube.
Entre la entrada del camino y Casa Fassman sólo hay un kilómetro. La dificultad reside, únicamente, en la señalización equivocada. Las señales empiezan diciendo que ese camino conduce a Rialp -y es cierto-, señalan senderos a la derecha que van hacia Embonui y Pernui -lo que también es cierto-, y en la encrucijada, justo en el ramal que conduce a Casa Fassman, una señal indica que por ahí se va a Rialp -lo que ya no es verdad. Para evitar la confusión a los senderistas y facilitar la orientación a quienes buscan el monumento al profesor Fassman, pondremos una señal a la espera de que el Ayuntamiento o el Consell Comarcal solucionen el equívoco.

lunes, mayo 11, 2009

Presentación y homenaje en fotografías

Han llegado las fotos de la presentación de la biografía en Sort y del homenaje al profesor, con el traslado a su casa de sus cenizas y de las de su madre, que relatamos en las dos entradas anteriores. Las fotos fueron tomadas por Toni Grases, de Photoset, y pertenecen al ayuntamiento de Sort. Aquí tenéis los enlaces para verlas.

http://www.flickr.com/photos/bibliosort/sets/72157617861845338/show/

http://www.flickr.com/photos/bibliosort/sets/72157617825371148/show/

domingo, mayo 10, 2009

José vuelve a su casa


El primero de mayo amaneció radiante. El grupo de hombres que se encarga, por afición, de preparar la calderada -tradicional comida popular del martes de Carnaval en el Riuet de Sort-, subió a Casa Fassman para preparar el almuerzo. Subió también David Mendoza, el joven para el que un jardín es el soporte sobre el que puede crearse una obra de arte. Mientras los hombres, tocados con la barretina pallaresa –la misma gorra catalana, pero de color morado en vez de rojo-, encendían el fuego en el que se asarían las costillas de tres corderos, David removía tierra y piedras para volver a arrancarle a la fuente el agua en cascada que fascinaba a Pep de Mariot. Albert Salvadó llegó temprano y enseguida encontró su lugar entre los hombres de la calderada que le aceptaron en el acto como si fuera uno más. Luis, ya veterano ayudante en las costellades de Casa Fassman, forraba las mesas con manteles de papel y las adornaba con botellas de vino. Ana y María iban de un lado a otro para lo que hiciera falta. Se vivía el trasiego previo al gran momento de la ceremonia, pero sin nervios. Era el día de la gran fiesta, esperada con ansia, pero también con serenidad.

En la sala de casa Fassman, sobre el dintel de la chimenea, esperaban las cenizas de José, mezcladas para siempre con las de su madre. Los dos habían vuelto a su pueblo después de muchos años de ausencia. Dos amigos de la casa, Juan Ortiz y Mario Sala, les habían traído de Barcelona el día anterior, 30 de abril, entrando al pueblo a las seis de la tarde, hora del nacimiento de José, cien años antes, y, por el cambio de horario, hora también de la muerte de Pilar Rocafort el 30 de abril de 1966.

Fue llegando la gente; amigos, conocidos del pueblo, forasteros. El taxi de Josep Colom fue trayendo en varios viajes a quienes no podían hacer a pie el kilómetro que separa a Casa Fassman del pueblo. Llegó Agustí Lòpez, el alcalde, y Vicenç Mitjana, el presidente del Consell Comarcal. Y, finalmente, llegó Mosén Toni, el cura, que venía de decir misa en otro pueblo de estas montañas.

A las 13:30 callaron las tertulias. María, acompañada por Ana, salió de la casa llevando la urna hasta una mesa colocada frente a la fuente. Allí, en una pequeña plazoleta rodeada de piedras entre dos pinos marítimos que marcan su entrada, Agustí y Vincenç pronunciaron discursos muy breves y María sólo pudo decir “gracias”. Todos bajaron entonces para dejarle el lugar al mosén. Mosén Toni, revestido de blanco, leyó unos versículos del Evangelio de San Juan y dirigió unas plegarias. Para algunos de los asistentes, el sacerdote representaba a la Iglesia en la que Pilar Rocafort militó con una fe profunda, una caridad auténticamente cristiana y una esperanza que le permitió dejar la vida con la ilusión de alcanzar la felicidad eterna; la Iglesia de la que José nunca quiso apartarse y cuya bendición aceptó en sus últimos momentos. Para otros, el sacerdote representaba el ansia perpetua y universal de los mortales por trascender el mundo conocido y unirse al orden sobrenatural que el alma intuye en su afán de sobrevivir a la materia. En los brazos de Mosén Toni, extendidos al cielo, revivían los brazos de todos aquellos que, de milenio en milenio, han consagrado su vida a hacer de intermediarios entre los dioses y los mortales. Ese rito, grabado de modo indeleble en la memoria colectiva, permitió a todos, fueran cuales fuesen sus creencias, vivir esos momentos con devoción.

Y llegó el momento esperado durante muchos años de trabajos y esfuerzo. Ana escaló sin dificultad las piedras que conducen al parterre que rodea el sencillo monumento a Fassman. Desde allí tendió la mano a María que, gracias a su ayuda, consiguió subir con la urna bajo un brazo. María iba a depositar la urna en la tierra cuando comprobó que David había cavado un hoyo muy profundo y que sus brazos no llegaban al final. Los brazos de Ana, más largos, sí llegarían. Ana tomó la urna que María le entregaba y la puso suavemente en la tierra. También había sido suyo el honor, diecisiete años atrás, de susurrar al oído de José las últimas palabras que escuchó antes de cerrar los ojos para siempre.


Toni Grases captó el momento más importante en esta fotografía.

Y allí quedaron las cenizas de José y de su madre esperando que la lluvia deshaga la endeble celulosa de la urna para mezclarse con su tierra y seguir viviendo en las raíces de las plantas y las flores que crecen en ella.

Sin transición, María se dirigió a la gente para pedirles que hicieran lo que a José más le gustaba que hicieran los amigos en su casa: comer, beber y divertirse. Todos captaron la alegría del momento, la alegría del triunfo. Se hicieron corrillos; se hizo la cola para recoger costillas y ensalada; se llenaron de comensales las mesas, el cenador y los bancales. Bajo la sombra de los pinos, las acacias, los almeces y los fresnos, Casa Fassman volvió a vivir una de esas tardes en que José, rodeado de sus amigos, sentía la emoción indescriptible de ver su sueño realizado gracias a su esfuerzo, gracias al poder de su voluntad.

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El mundo entero está sufriendo las consecuencias de la crisis económica. En estos momentos nos parece oportuno señalar que los actos de conmemoración del centenario del profesor Fassman supusieron un gasto insignificante para los contribuyentes.
El ayuntamiento de Sort pagó algunos carteles y los anuncios de los actos, el alojamiento de las cuatro personas que participaron desinteresadamente en la presentación y el espectáculo, y el transporte a Casa Fassman de las personas que no podían subir a pie. El Consell Comarcal se comprometió a contribuir con la mitad de estos gastos. El ayuntamiento cedió, además, el local del teatro y las mesas y sillas que se utilizaron en la costellada.
Sebastià D’Arbó, Albert Salvadó, Magic Fabra y el profesor Marín participaron en los actos sin cobrar y sólo se les proporcionó el alojamiento.
El traslado de las cenizas, la cena de la presentación y el almuerzo en Casa Fassman corrieron a cargo exclusivamente nuestro. También eran nuestras las flores que depositamos en el monumento, pero ese ramo que empezó estando solo, pronto tuvo la compañía de otras flores que trajeron algunos amigos del pueblo y Magic Fabra.

Gracias a todos.

sábado, mayo 09, 2009

José Mir Rocafort cumple cien años




El pasado 30 de abril, día del centenario del nacimiento del profesor Fassman, unas 300 personas se congregaron en el teatro Els Til·lers, de Sort, cuyo aforo es de algo más de doscientas, para asistir a la presentación de su biografía. El ambiente era distinto al de otras presentaciones. Algunos de los asistentes habían sido amigos de Fassman, otros le habían conocido personalmente, otros habían oído alguna de las innumerables anécdotas que se siguen contando en el pueblo sobre aquel hombre extraño y, a la vez, campechano, accesible y de una enorme generosidad. Para todos, ese hombre era, como cualquier vecino, uno de los suyos, por lo que el ambiente que se creó desde el principio fue tan emotivo y sencillo como una celebración familiar.

Los participantes en el acto subimos al escenario y nos sentamos tras la mesa frente a una pantalla en la que se proyectaba una composición fotográfica de Ana Braga con el libro a la izquierda y la primera página de la biografía a la derecha, ambos sobre una gran fotografía de la plaza mayor en la que destacaba la casa con el ojo de buey en la que nació José: Casa Mariot.

Empezó la presentación Sebastià D’Arbó, periodista dedicado a temas esotéricos que fue alumno del profesor Fassman en los años setenta. Tras una breve introducción en la que recordó su relación con el profesor, D’Arbó dio la palabra a Vicenç Mitjana Rabassa, presidente del Consell Comarcal del Pallars Sobirà.

En nuestro pueblo, como en cualquier otro pueblo pequeño, los títulos y los cargos no impresionan. Quien los ejerce es, simplemente, un vecino a quien se le ha otorgado la confianza popular en unas elecciones y a quien se le exponen los problemas, se le exige que cumpla sus obligaciones y se le critica abiertamente en la calle o en cualquier café. Vicenç habló de un hombre al que no había conocido –tiene treinta y pocos años- pero cuya personalidad demostró conocer a través de una lectura concienzuda de la biografía. Comprendió en su lectura la importancia fundamental que el pueblo y la comarca habían tenido en José durante toda su vida y la importancia que para el pueblo y la comarca tiene ahora el nombre de Fassman como embajador y promotor de Sort y del Pallars. Próximamente, encontrarán el emotivo discurso de Vicenç en nuestra web.

Habló en segundo lugar Agustí Lòpez Pla, alcalde Sort. Esta era, para él, la tercera presentación en la que expresaba su orgullo y satisfacción por haber propuesto que se escribiera la biografía de Fassman. De la biografía destacó la rigurosa documentación que la acompaña. Y ésta es, en efecto, una de sus características más importantes. Sin el aval de documentos que demuestran los hechos que se narran, la biografía podría parecer una novela inverosímil porque la vida de José Mir Rocafort fue increíble de principio a fin. Destacó también, el arraigo del personaje en un paisaje y una historia que permiten seguirle a través de su tierra y de las vicisitudes que sufrió su país durante todo el siglo pasado. Dijo Agustí que, desde la primera lectura del manuscrito, los lugares y las escenas de la biografía se habían quedado en su mente discurriendo como una película.
Queremos destacar que el presidente del Consell y el alcalde de Sort pertenecen a partidos políticos distintos. El profesor Fassman nunca quiso adherirse a ideololgía ni partido alguno y era justo que en su centenario participaran personas de distinto color. Los políticos pasan; el recuerdo de los hombres relevantes sobrevive.
Llegó el turno a Albert Salvadó, escritor andorrano que ha alcanzado renombre, sobre todo, con la novela histórica, entre cuyos títulos destaca la trilogía sobre Jaime, el Conquistador, rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia y conde de Barcelona. Pero Albert Salvadó estaba en la presentación no en calidad de escritor, sino de alumno y amigo del profesor Fassman. Del libro dijo, simplemente, que lo recomendaba, y pasó a hablar de lo que nos interesaba a todos: de la figura de Fassman como profesor y como amigo. Su intervención estuvo llena de anécdotas que destacaban la humanidad del personaje y recordaban a todos una relación paradójica: el físico de Fassman, sobre todo sus ojos, imponía hasta el miedo; el hombre, a la distancia de una conversación, era sencillo, afable, cercano.
Y le llegó el turno a María Mir, la autora. Empezó por explicar por qué había escrito la biografía en castellano y no en catalán, detalle que ya había mencionado un participante en otra presentación. En nuestra tierra, éste sigue siendo un asunto sensible que provoca reacciones viscerales. Unos se empeñan en que el gobierno de Cataluña pretende erradicar el castellano y hacen constantes llamamientos a la defensa de la lengua española; otros ven el castellano como la amenaza que quiere reducir el catalán a una lengua de uso privado. María Mir recordó unas palabras recientes del abad de Montserrat al respecto. La abadía de Montserrat ha sido, durante más de mil años, el referente nacional e intelectual de todos los catalanes y, a la vez, ejemplo de una apertura al mundo que ha abierto nuestras mentes y ha enriquecido la cultura de nuestro país. Bienvenidas sean todas las lenguas, todas, si nos permiten entender mejor a los demás y hacernos entender por ellos.
Pero la autora de la biografía que, como indica en la introducción de la obra, intentaba mantenerse a distancia del personaje para no poner en peligro su objetividad y que había mantenido esa distancia al comentar el libro en las presentaciones anteriores, ante el público de Sort tuvo que ceder su lugar a la hija de Fassman. La hija de Fassman habló de su padre con la sinceridad y la llaneza con que cualquiera de los asistentes hablaría del suyo.

La respuesta de los vecinos de Sort y de los visitantes fue la misma que Fassman pudo disfrutar en el homenaje que le hicieron en el pueblo en 1980. Ante la mesa en que María Mir firmaba el libro, se hizo una cola de gente que no tenía prisa por acercarse al bufet.

Después de la cena, empezó el espectáculo. Actuó, en primer lugar, Magic Fabra, un mentalista que encarna los valores éticos de la profesión: estudio, entrenamiento y creatividad. Con una sencillez que impresiona sobre un escenario por su falta de artificio y pretensiones, Fabra provocó risas, exclamaciones y aplausos a un público que en ningún momento perdió la ilusión. En presencia de ese artista, ni al más crítico se le puede escapar la certeza de encontrarse ante un profesional que siente un gran respeto por su trabajo y por el público que le sigue.

En segundo lugar, actuó el profesor Marín. Su sola presencia indica que su actuación es muy diferente a la de los mentalistas actuales. Largos y blancos cabellos y barba, esmoquin blanco, una gran medalla en el pecho sobre la camisa negra, Marín revela su intención de dar a su figura la aureola de misterio de un anciano gurú. El profesor Marín devolvió el recuerdo del profesor Fassman en su actuación imborrable de 1980 ante 1.500 personas. Muchos de los asistentes a la presentación habían asistido también a aquel espectáculo; los más jóvenes lo habían oído contar una y otra vez. Cuando Marín realizó el número de la “reconstrucción de un crimen” todas las memorias recordaron a Fassman. Siguieron recordándolo en las experiencias de hipnosis. Ana María Ochoa y Joan Saparra cedieron su voluntad al hipnotizador moviendo a todo el público a carcajadas.
La función terminó con un auténtico fin de fiesta de otras épocas. Por iniciativa de Magic Fabra, él mismo, el profesor Marín, Ana Braga y María Mir se despidieron del público lanzando claveles desde el escenario. Sin duda alguna, el profesor Fassman hubiera dado su aprobación a todo el acto.

El fotógrafo Toni Grases, de Photoset de Sort, captó los momentos más importantes para la posteridad, pero tendremos que esperar a que procese las fotografías. En cuanto las tengamos, las compartiremos con vosotros desde aquí.

Gracias a cuantos participaron, todos desinteresadamente, para que el homenaje al profesor Fassman resultara digno en su sencillez. Gracias a cuantos nos acompañaron y a aquellos que estuvieron con nosotros aunque no pudieron estar presentes. Y gracias a quienes han tenido suficiente interés como para leer la descripción del acto hasta aquí. Mañana os contaremos cómo fue la llegada de José Mir Rocafort a su casa después de tantos años.