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Reportaje realizado por Laia Ruich y Aitor Marichalar para TV3, Televisión de Catalunya

lunes, abril 30, 2007

Otra aproximación al poder de la mente

Una serie de circunstancias me decidieron a publicar en un blog la revisión de una obra cuyos avatares comenté en una entrada anterior de este mismo blog. La obra, realizada entre 1985 y 1987, se llamó "El poder de la mente" por decisión inapelable del editor. El título no me convenció en su momento, no sólo por parecerme trillado -desde que me conozco he visto montones de "poderes de la mente"- sino por parecerme, en cierto modo, engañoso. En mi opinión, sugería al comprador de los libros -tres tomos- información sobre poderes maravillosos que el texto no le iba a ofrecer. Pero a mis escrúpulos se impusieron las razones comerciales y no tuve más que decir. Pues bien, para la versión que he empezado a publicar en blog no he encontrado mejor título que "Otra aproximación al poder de la mente." Quien quiera darse una vuelta por el blog, verá en la entrada "Introducción" a qué poder me refiero. Y si a alguien se le ocurre sugerirme otro título, bienvenida será la sugerencia.

Entradas relacionadas: "Entre asteroides, satélites y planetas, Fassman brillaba con luz propia," "Respuesta a comentario de Marcelo."

domingo, abril 29, 2007

Nuevo libro de Miguel Aracil





Nuestro amigo, Miguel Aracil, acaba de publicar un nuevo libro sobre vampirismo. A continuación incluímos la reseña de ACEF
"Ha salido a la venta el nuevo libro de Miguel G. Aracil "VAMPIROS:sangre, muerte y pasión". El presente libro es el último de su conocida y exitosa triología Vampírica. Analizando y contrastando datos, creencias y hechos históricos, en su triología Miguel Aracil intenta trazar la delgada línea que separa la ficción de la realidad en el mito vampírico. La novedad es que la actual edición, además de los puntos habituales de distribución, puede comprarse también a través de ebook.acef_informa@...http://es.groups.yahoo.com/group/ACEF/"
Miguel, esperamos que tu nuevo libro sea todo un éxito y que, pasada la promoción, puedas enviarnos la colaboración que esperamos sobre tus experiencias con tu amigo, el profesor Fassman.

sábado, abril 14, 2007

Marvoyan

El pasado 9 de abril, el mentalista Marvoyan nos dejó un comentario en el libro de visitas de la web. Nos pareció que valía la pena incluirlo aquí y le pedimos permiso para hacerlo. Marvoyan nos ha contestado ofreciéndonos un testimonio más extenso de gran interés por sus recuerdos del profesor Fassman en escena durante su época de mentalista. Lo reproducimos íntegramente.

Estimadísima Maria Mir:
El sólo hecho de haber recibido una nota suya me honra enormemente. Gracias de verdad. Por supuesto que tiene mi permiso para incluirlo todo en el blog. Estimo que, pensando en todo lo que ha significado para mì Fassman, mi comentario ha sido, sin embargo, muy pobre. Como alguien dijo en una nota, su sola presencia inspiraba respeto y misterio. Cuando él salía a escena arrancaba instantáneos aplausos y murmullos. Aficionado como yo era entonces a cosas similares, apenas por empezar la adolescencia, la familia me permitió ir sólo a tres actuaciones. Cuando de inicio presencié, como un ejemplo, su número de memorización de palabras que hacía al empezar su programa, quedé tan impactado, pues jamás antes había visto algo semejante, que empecé a buscar libros sobre memorización y me topé con algunos elementales.
En un tiempo estaba tan experto en la menemotecnia, que contribuyó notablemente en la mejora de mi rendimiento en colegio, y posteriormente en la universidad. Cierta vez di un examen escrito de historia con tanto lujo de detalles, que la profesora me acusó de haber copiado. Entonces delante del curso le desafié a que repitiéramos juntos las fechas de gobierno de todos los presidentes de la República. Ella no lo sabía y yo sí! Fue impactante! Pero lo que hasta ahora recuerda mucha gente, que me dio bastante fama, es que me aprendí de memoria, literalmente, sin "truco", la guía telefónica completa de una ciudad pequeña de mi país. Hace dos días justamente, en una actuación de salón, que es la clase de presentaciones que hago, me encontré con un amigo antiguo que empezó a comentar eso a todos, así que no dejé de mencionar mi agradecimiento al profesor Fassman y les conté quien era.
Pero no quiero hablar de mí. Le confieso que a pesar de algunos asombrosos números que desarrollé a lo largo del tiempo, y a pesar de tener una biblioteca más o menos adecuada, sigo intrigado e impactado con varios números de Fassman. Por ejemplo el que hacía con Anna Fay. Recuerdo que recogía en una caja de madera con bastante profundidad, varios objetos del público. Ella estaba al fondo del escenario supuestamente hipnotizada y con los ojos vendados. Fassman, una vez recogidos los objetos, subía a escena y sin nada de esa absurda cháchara de circo que usan algunos "mentalistas" como clave para transmitir ideas ("dígame que tengo en la mano”; "anuncie el color", etc. usted lo sabe), él miraba en silencio la caja, de espaldas a la medium, en una elegante actitud de concentración, sin alardes innecesarios, y ella empezaba a describir minuciosamente los objetos, uno por uno, antes de que él los sacara a la vista para confirmación. Me acuerdo que se dirigía al público exclamando : "¿Es exacto?", que parecía ser una frase suya que lanzaba a veces con mucha energía y seguridad. En esa época no había ni siquiera los recursos electrónicos de hoy, así que continúo impactado preguntándome cómo lo hacía y sólo puedo elaborar teorías. Por supuesto TODOS sus números, fueron inolvidablemente impactantes. Los tengo vívidamente en la memoria.
Le digo, tal vez un poco atrevidamente, que he presenciado, sobre todo en estas épocas, la actuación de varios "mentalistas". Pero, perdóneme la cruda sinceridad, no he visto uno solo que tenga la prestancia, seriedad, elegancia y calidad de actuación de Fassman. Más parecen divertidores de feria o hasta cómicos haciendo trucos mentales, que no siempre convencen. Bien, disculpe haber alargado esta nota, pero me siento realmente muy feliz de haber encontrado a quien pueda extender mis respetos por el profesor, de quien nunca tuve una dirección cuando ansiaba escribirle.
De paso le consulto si usted tiene en forma escrita las leyes del éxito de Fassman , asì como tal vez otras publicaciones de él. Gracias de antemano y que tenga mucho bienestar y bendiciones.
Con mucho aprecio MARVOYAN (Rubèn Gerardo)
Amigo Marvoyan: Muchísimas gracias por su testimonio. En cuanto a los libros del profesor, estamos haciendo la revisión de los libros de su último curso con sus propias notas. A mediados del año que viene estará listo para edición. En cuanto esté publicado, se lo haremos saber. No tenemos la transcripción de los "9 pasos hacia el éxito", pero tal vez sea conveniente hacerla para incluirla en el curso. Gracias por la idea y por compartir sus recuerdos con nosotros.
Aprovechamos la ocasión para agradecer a todas las personas que han firmado en el libro de visitas de la web con las que no hemos podido ponernos en contacto porque no nos han dejado el email. Gracias a todos.

Entradas relacionadas: "Fassman y el ilusionismo"; "Fassman vive"


viernes, abril 06, 2007

Respuesta a comentario de Marcelo


Recibí un comentario a la entrada anterior por parte de un visitante. Le hubiera contestado en privado, pero no nos dejó su e-mail. Así que pongo aquí el comentario y la respuesta.



"Maria Mir: Admiro profundamente su obra "El poder de la mente", fue una obra que me enseñó muchas cosas y temas, allá por mi adolescencia, desde psicología, hipnosis hasta parapsicología y filosofía. Me gustaría saber si ha realizado obras similares desde entonces y si se incluirán en la web, temas similares a los tratados en "El poder de la mente", como aplicaciones de la hipnosis a la psicoterapia, aumento de la memoria, control de hábitos, dolor, etc. Muchas gracias. La saludo desde Argentina. Marcelo."



Marcelo: Cada escritor escribe por sus propios motivos. Con toda franqueza, acepté escribir "El Poder de la Mente" por dinero. Como expliqué en la entrada, estaba en un apuro y era sí o sí. Pero en cuanto empecé a escribir, prevaleció lo que creo que es el motivo que impulsa a escribir al que quiere publicar: que la obra encuentre su eco en un lector que la justifique. Por eso es tan importante un mensaje como el tuyo. Es la confirmación de que un trabajo mereció la pena.


La respuesta a tu pregunta es sí, vamos a publicar temas similares en la web desde la óptica del profesor Fassman. Los encontrarás en la página "Temas". Espero que te resulten aún más útiles de lo que fue "El Poder de la Mente" en tu adolescencia.


Permíteme un inciso en nombre de la justicia. Las ilustraciones de los dos primeros tomos eran sencillamente deleznables por culpa de mi falta de pericia al contratar colaboradores. Fue casi al final del segundo tomo cuando Ana Braga decidió tomar cartas en el asunto y dedicarse a ilustrar lo que quedaba de la obra. Estarás de acuerdo conmigo en que las ilustraciones del tercer tomo son de exposición por su creatividad y su valor artístico.


Gracias otra vez por tomarte la molestia de enviarme este comentario. Espero que encuentres lo que buscas en los artículos que publicaremos y que saques otro ratito para comentarnos qué te parecen. Un abrazo, María Mir.

jueves, marzo 29, 2007

Entre planetas, satélites y asteroides, Fassman brillaba con luz propia



A partir de la semana que viene, en la sección "Temas" de la web, empezarán a aparecer artículos en los que se plantean diversos aspectos de la vida y el trabajo del profesor Fassman desde el punto de vista de la parapsicología. Pero antes de la primera entrega, quiero contarles una anécdota que para mi explica con claridad la relación del profesor con ese mundo que se dedica a la investigación de los fenómenos paranormales.




Hace más de veinte años, me embarqué en la aventura de fundar una editorial para publicar, en primer lugar, obras del profesor Fassman, y ampliar el catálogo posteriormente con obras de otros autores dentro de los campos de la parapsicología y la hipnosis. La primera edición se vio frustrada por asuntos familiares. Explicaré la anécdota en el lugar y en el momento adecuados. Lo que quiero contar aquí es a qué condujo aquel fracaso incial.



Todo estaba preparado para la edición del primer libro del profesor Fassman y yo había realizado una inversión considerable en la promoción de la obra cuando un frenazo brusco amenazó con provocar una catástrofe. En ese momento apareció un editor ofreciéndome un contrato para escribir una obra dividida en tres tomos: Psicología, Hipnosis y Parapsicología. El editor me daba libertad absoluta para escribir lo que quisiera desde el punto de vista que me pareciera mejor. Puede que creyera que yo lo tendría muy fácil utilizando material de mi padre. Si así fue, se equivocó. El nombre de Fassman no iba a aparecer -eso hubiera encarecido la obra considerablemente- por lo que utilizar material suyo sin poder darle el crédito debido habría sido inmoral. El primer reto que me planteó el asunto fue, por lo tanto, cómo evitar que se colara en la obra el pensamiento del profesor, único punto de vista que yo conocía entonces sobre estos temas. Después de darle muchas vueltas, llegué a la conclusión de que sólo abordando la obra desde el más estricto racionalismo podría evitar conceptos y conclusiones que, siendo del profesor Fassman, yo no me podía atribuir.

Consulté el asunto con mi padre. Estuvo de acuerdo y puso su biblioteca a mi disposición. Aún así, no las tenía todas conmigo. No dejaba de preocuparme que en las conclusiones pudiese deslizarse alguna que no fuera mía. Para curarme en salud, delimité el terreno recurriendo al llamado objetivismo de Ayn Rand, aplicado a la psicología por el Dr. Nathaniel Branden. Les elegí porque su pensamiento iba siempre por la línea recta del más estricto racionalismo y porque era de muy fácil exposición, pero, sobre todo, porque estaba de acuerdo en lo esencial con su concepto de lo que exige moralmente el hecho de ser humano y con su método para reforzar la autoestima fundado en ese concepto. Conceptos y método tenían sus fallos, sobre todo el dogmatismo y la ingenuidad de los juicios extremos, o blanco o negro; pero eso podía corregirse fácilmente matizando cuando fuera necesario. La filosofía de Ayn Rand se había asociado, sobre todo en Estados Unidos, a una ideología ética, política y económica que yo no compartía en absoltuo, eso era lo peor. Pero pensé que mi obrita no iba a llegar tan lejos y que el público al que iba dirigida no buscaría asociaciones ideológicas. Así que, finalmente, acepté.

Firmé el contrato y me sumergí durante un año y medio en textos y revistas especializados en parapsicología y fenómenos paranormales. Al principio me sorprendió sentirme como un explorador en una selva desconocida. Ya había trabajado con el profesor Fassman en la redacción de diversos textos y algo creía saber. Pero enseguida descubrí que el mapa que me había dado apenas coincidía con ese vasto y complejo territorio de fenómenos e hipótesis. Poco a poco, a medida que iba familiarizándome con los accidentes del terreno, las sensaciones de desorientación y sorpresa fueron desapareciendo y hasta pude predecir lo que iba a encontrarme en lo que me quedaba por explorar. Lo que no desapareció nunca fue la sorpresa ante lo que fue un auténtico descubrimiento. La personalidad, el trabajo, la vida del profesor Fassman tenía muy poco que ver con todo aquello, apenas lo justo para catalogarle como profesional en ese territorio, pero más como ambulante que como residente; un profesional ambulante de origen desconocido. Entonces comprendí de verdad por qué brillaba con luz propia entre tanto planeta, satélite y asteroide.

El profesor Fassman iba por libre, sin atarse a escuela, grupo o capilla alguna, dependiendo sólo de cuanto producía su mente y de su extraordinario poder de sugestión. No era un investigador de fenómenos, era un fenómeno a investigar. Pero tampoco era un dotado que atrajera la curiosidad de los investigadores; los investigadores que se le acercaron iban a aprender con él. No predicaba ningún tipo de religión ni proponía doctrina ni dogma alguno, pero atraía fieles como un guru, santón o director de secta. ¿Qué era entonces? ¿Qué proponía? No siendo un teórico, para llegar a sus propuestas hay que analizar el tratamiento y los resultados de los casos que trató; hay que estudiar lo que hacía para llegar a lo que pensaba. Por eso, hay que buscar las explicaciones, más que en sus textos, en su biografía.




Neoworx se nos fue de vacaciones

El contador de Neoworx que exhibe el total de visitantes por países, instalado el 31 de diciembre, decidió descansar ayer y se quedó quieto. Los otros dos contadores de que disponemos siguieron funcionando. El problema técnico de Neoworx parece haberse superado hoy. Aprovechamos la ocasión para agradecer las 14.000 visitas que hemos tenido entre esta bitácora y la web desde que instalamos los contadores. Gracias a todos.

domingo, marzo 25, 2007

La tolerancia no basta


Nuestra amiga, Genoveva Puiggrós, que tanto ha colaborado con este proyecto como hicimos constar en otra entrada, nos pide que comuniquemos un mensaje en su nombre y en el de varias personas que están viviendo su misma experiencia. Quieren manifestarnos su convicción de que el profesor Fassman les sigue ayudando mentalmente. Nos dice Genoveva que son muchas la personas que tienen la certeza de que se comunican con el profesor. Algunas se lo han dicho a ella personalmente, pero no se atreven a manifestarlo en público por miedo a que no se les tome en serio o a que se dude de su equilibrio mental. Genoveva quiere instarles a todos a contar públicamente sus experiencias para que otras personas puedan beneficiarse de ellas. Está convencida de que lo pide el profesor.

Transmitimos exactamente lo que Genoveva nos ha dicho. A partir de aquí, depende de cada cual que crea o no en la realidad de esas experiencias o que las atribuya a una u otra causa. Lo que nadie puede discutirle a otro es el derecho a expresar sus creencias sin miedo a la descalificación. Sin embargo, dada la realidad social en que vivimos, es comprensible que estas personas sientan reparo a manifestarse en público.



El respeto al que piensa o actúa de un modo distinto al nuestro sigue siendo escaso. Se ha avanzado mucho, sin duda alguna, al menos en la parte del mundo en que tenemos la suerte de vivir. Las diferencias raciales, de criterio, de opción sexual, etc., ya no llevan a nadie a la cárcel. Prevalece, sin embargo, una tolerancia mal entendida; esa postura apoyada en una falsa superioridad que condesciende con las diferencias desde un profundo desprecio. O tal vez no es que la tolerancia se entienda mal. Tal vez el error reside en una propaganda equivocada, la propaganda que se ha hecho a la tolerancia desde las instituciones, los colegios, las organizaciones, presentándola como garante de la convivencia social. Con la sana intención de civilizarnos, de eliminar de la sociedad las manifestaciones expresas de rechazo al diferente, nos ensalzan a la tolerancia como un valor cívico instándonos a todos a practicarla. Pero tolerar, nos dice la Academia, es permitir algo que no se tiene por lícito sin aprobarlo expresamente y, en una segunda acepción, resistir, soportar. Dada nuestra experiencia histórica, podríamos pensar que ya es mucho que nos soportemos los unos a los otros sin agredirnos. Pero si reflexionamos sobre el destino del ser humano, una criatura inteligente capaz de anhelar y perseguir la felicidad como fin de su vida, resulta obvio que deberíamos aspirar a mucho más.

La tolerancia, como actitud externa que es, tiene la cualidad y el espesor del maquillaje, y como el maquillaje, está sujeta a la moda y puede agrietarse a poco que se rasque. Hoy, mientras la mayoría de los profesionales de la información sigue observando el llamado "lenguaje políticamente correcto," y aún son pocas las personas que se atreven a manifestar públicamente sus prejuicios, la intolerancia empieza a colarse por todas las grietas como un chaparrón, desmaquillando a muchos que toleraban porque no les quedaba otro remedio, pero que nunca hicieron esfuerzo alguno por aprender a respetar.

En España, la moda de la tolerancia está cambiando peligrosamente. El insulto y la descalificación al que se considera contrario se impone en la tribunas, en los medios, y empieza a imponerse en la calle. La prueba más llamativa y preocupante puede encontrarse en la red. En grupos, listas y foros de debate las palabras gruesas saltan entre miembros de ideas opuestas como auténticas bofetadas virtuales. Ese pugilato verbal de creyentes contra ateos, conservadores contra progresistas, escépticos contra parapsicólgos y viceversa, revela con toda crudeza la fragilidad del maquillaje social y el fondo oscuro de intolerancia que se descubre en cuanto el individuo se siente protegido por el anonimato, a solas o disuelto en una multitud.

La intolerancia es un fenómeno individual, síntoma de trastornos que pertenecen al campo de estudio de la psicología. Pero en un caldo de cultivo propicio, el síntoma se convierte en epidemia y pone en peligro la convivencia social. La necesidad de prevención, como en el caso de cualquier enfermedad, es evidente. Lo que se debe cuestionar y corregir es la eficacia de las medidas preventivas. No basta exigir a las personas que permitan, resistan o soporten aquello que no consideran lícito. Hay que enseñar, además, a aceptar que algo puede ser lícito aunque a uno no se lo parezca. Hay que enseñar y preconizar por todos los medios el respeto al otro como consecuencia del respeto a uno mismo; la certeza moral de que no se puede dar rango de verdad incuestionable a concepto alguno que implique el desprecio o el ataque a quien sostiene un concepto distinto. Eso no significa, como temen algunos, caer en el relativismo moral absoluto en el que todo vale. Sería contradictorio si se acepta como verdad universal el respeto a los derechos propios y ajenos. Hay que ser intransigente en la defensa de esa verdad. Hay que ser intransigente con cualquier concepto o actitud que ponga en peligro nuestra dignidad y nuestros derechos y la dignidad y los derechos de los demás.

Volviendo al mensaje de Genoveva que provocó estas reflexiones, no cabe duda de que uno de los mejores homenajes que ha recibido el profesor Fassman es ese convencimiento de algunas personas de que sigue ayudándolas mentalmente. No hay prueba más incuestionable del éxito de su labor profesional. Pero prueba aún mayor sería que aquellos que están convencidos de que pueden comunicarse con él, defendieran su derecho a contarlo. Como se sabe, la mejor forma de defender un derecho es ejerciéndolo.