Reportaje realizado por Laia Ruich y Aitor Marichalar para TV3, Televisión de Catalunya

miércoles, noviembre 22, 2006

La lotería

Nos han hecho varias consultas sobre la relación del profesor Fassman con la lotería de Sort. Respondemos, en primer lugar, a un comunicante anónimo que dice saber que el profesor Fassman le aconsejó al lotero de la famosa administración "La Bruixa d'Or" que cambiara de local cada cuatro años porque de ese modo le tocaría el gordo. Nos pregunta qué hay de cierto en ello y si el lotero tiene la intención de volver a cambiar de local.

La verdad es que de cierto, nada en inguna de las dos preguntas. Si Fassman llegó a decir algo semejante al lotero, no cabe de duda de que lo hizo en broma. Fassman decía, lógicamente, que era imposible que la mente pudiera influir en la mecánica de las bolas y los bombos. Alguna vez realizó el truco de depositar el número ganador en una caja ante notario, como lo hizo recientemente Anthony Blake con una brillante puesta en escena. Y muchas veces daba un número de la suerte a quien se lo pediera. En estos casos lo explicaba diciendo que quien estaba convencido de su poder para adivinar números ganadores, no aceptaba una respuesta racional. Más valía, por lo tanto, darles algo, que no una negativa estéril.
Esta norma de conducta -por llamarlo así-, le jugó una mala pasada en una ocasión. Fassman llegó a La Habana con Deyka y su representante, Antonio Toscani, en 1949, contratado para realizar varios espectáculos. A efectos de promoción, én aquella época se llevaba a periodistas y fotógrafos a la escalerilla del avión para recibir a las celebridades. Fassman contaba que uno de los periodistas que había ido a recibirle se había puesto particularmente pesado insistiendo que dijera qué número saldría premiado en la lotería y que, para sacárselo de encima, le espetó los primeros números que se le pasaron por la imaginación. La cifra que Fassman dio fue publicada en la prensa y días después coincidió con el primer premio de la lotería.
Los efectos de esa coincidencia fueron muy desagradables. Por una parte, Fassman no podía salir ni al vestíbulo del hotel sin verse asediado por gente que le pedía el número ganador del sorteo siguiente. Por otro, pasó un rato de profundo malhumor expresado en voces que sólo sus paisanos habrían podido entender claramente. Fassman recriminaba al universo entero y sobre todo a sí mismo no haber comprado el número en cuestión. Le afectó especialmente el titular de uno de los periódicos: "Fassman millonario al adivinar el número ganador." Su reacción fue impublicable.

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