Reportaje realizado por Laia Ruich y Aitor Marichalar para TV3, Televisión de Catalunya

jueves, marzo 29, 2007

Entre planetas, satélites y asteroides, Fassman brillaba con luz propia



A partir de la semana que viene, en la sección "Temas" de la web, empezarán a aparecer artículos en los que se plantean diversos aspectos de la vida y el trabajo del profesor Fassman desde el punto de vista de la parapsicología. Pero antes de la primera entrega, quiero contarles una anécdota que para mi explica con claridad la relación del profesor con ese mundo que se dedica a la investigación de los fenómenos paranormales.




Hace más de veinte años, me embarqué en la aventura de fundar una editorial para publicar, en primer lugar, obras del profesor Fassman, y ampliar el catálogo posteriormente con obras de otros autores dentro de los campos de la parapsicología y la hipnosis. La primera edición se vio frustrada por asuntos familiares. Explicaré la anécdota en el lugar y en el momento adecuados. Lo que quiero contar aquí es a qué condujo aquel fracaso incial.



Todo estaba preparado para la edición del primer libro del profesor Fassman y yo había realizado una inversión considerable en la promoción de la obra cuando un frenazo brusco amenazó con provocar una catástrofe. En ese momento apareció un editor ofreciéndome un contrato para escribir una obra dividida en tres tomos: Psicología, Hipnosis y Parapsicología. El editor me daba libertad absoluta para escribir lo que quisiera desde el punto de vista que me pareciera mejor. Puede que creyera que yo lo tendría muy fácil utilizando material de mi padre. Si así fue, se equivocó. El nombre de Fassman no iba a aparecer -eso hubiera encarecido la obra considerablemente- por lo que utilizar material suyo sin poder darle el crédito debido habría sido inmoral. El primer reto que me planteó el asunto fue, por lo tanto, cómo evitar que se colara en la obra el pensamiento del profesor, único punto de vista que yo conocía entonces sobre estos temas. Después de darle muchas vueltas, llegué a la conclusión de que sólo abordando la obra desde el más estricto racionalismo podría evitar conceptos y conclusiones que, siendo del profesor Fassman, yo no me podía atribuir.

Consulté el asunto con mi padre. Estuvo de acuerdo y puso su biblioteca a mi disposición. Aún así, no las tenía todas conmigo. No dejaba de preocuparme que en las conclusiones pudiese deslizarse alguna que no fuera mía. Para curarme en salud, delimité el terreno recurriendo al llamado objetivismo de Ayn Rand, aplicado a la psicología por el Dr. Nathaniel Branden. Les elegí porque su pensamiento iba siempre por la línea recta del más estricto racionalismo y porque era de muy fácil exposición, pero, sobre todo, porque estaba de acuerdo en lo esencial con su concepto de lo que exige moralmente el hecho de ser humano y con su método para reforzar la autoestima fundado en ese concepto. Conceptos y método tenían sus fallos, sobre todo el dogmatismo y la ingenuidad de los juicios extremos, o blanco o negro; pero eso podía corregirse fácilmente matizando cuando fuera necesario. La filosofía de Ayn Rand se había asociado, sobre todo en Estados Unidos, a una ideología ética, política y económica que yo no compartía en absoltuo, eso era lo peor. Pero pensé que mi obrita no iba a llegar tan lejos y que el público al que iba dirigida no buscaría asociaciones ideológicas. Así que, finalmente, acepté.

Firmé el contrato y me sumergí durante un año y medio en textos y revistas especializados en parapsicología y fenómenos paranormales. Al principio me sorprendió sentirme como un explorador en una selva desconocida. Ya había trabajado con el profesor Fassman en la redacción de diversos textos y algo creía saber. Pero enseguida descubrí que el mapa que me había dado apenas coincidía con ese vasto y complejo territorio de fenómenos e hipótesis. Poco a poco, a medida que iba familiarizándome con los accidentes del terreno, las sensaciones de desorientación y sorpresa fueron desapareciendo y hasta pude predecir lo que iba a encontrarme en lo que me quedaba por explorar. Lo que no desapareció nunca fue la sorpresa ante lo que fue un auténtico descubrimiento. La personalidad, el trabajo, la vida del profesor Fassman tenía muy poco que ver con todo aquello, apenas lo justo para catalogarle como profesional en ese territorio, pero más como ambulante que como residente; un profesional ambulante de origen desconocido. Entonces comprendí de verdad por qué brillaba con luz propia entre tanto planeta, satélite y asteroide.

El profesor Fassman iba por libre, sin atarse a escuela, grupo o capilla alguna, dependiendo sólo de cuanto producía su mente y de su extraordinario poder de sugestión. No era un investigador de fenómenos, era un fenómeno a investigar. Pero tampoco era un dotado que atrajera la curiosidad de los investigadores; los investigadores que se le acercaron iban a aprender con él. No predicaba ningún tipo de religión ni proponía doctrina ni dogma alguno, pero atraía fieles como un guru, santón o director de secta. ¿Qué era entonces? ¿Qué proponía? No siendo un teórico, para llegar a sus propuestas hay que analizar el tratamiento y los resultados de los casos que trató; hay que estudiar lo que hacía para llegar a lo que pensaba. Por eso, hay que buscar las explicaciones, más que en sus textos, en su biografía.




Neoworx se nos fue de vacaciones

El contador de Neoworx que exhibe el total de visitantes por países, instalado el 31 de diciembre, decidió descansar ayer y se quedó quieto. Los otros dos contadores de que disponemos siguieron funcionando. El problema técnico de Neoworx parece haberse superado hoy. Aprovechamos la ocasión para agradecer las 14.000 visitas que hemos tenido entre esta bitácora y la web desde que instalamos los contadores. Gracias a todos.

domingo, marzo 25, 2007

La tolerancia no basta


Nuestra amiga, Genoveva Puiggrós, que tanto ha colaborado con este proyecto como hicimos constar en otra entrada, nos pide que comuniquemos un mensaje en su nombre y en el de varias personas que están viviendo su misma experiencia. Quieren manifestarnos su convicción de que el profesor Fassman les sigue ayudando mentalmente. Nos dice Genoveva que son muchas la personas que tienen la certeza de que se comunican con el profesor. Algunas se lo han dicho a ella personalmente, pero no se atreven a manifestarlo en público por miedo a que no se les tome en serio o a que se dude de su equilibrio mental. Genoveva quiere instarles a todos a contar públicamente sus experiencias para que otras personas puedan beneficiarse de ellas. Está convencida de que lo pide el profesor.

Transmitimos exactamente lo que Genoveva nos ha dicho. A partir de aquí, depende de cada cual que crea o no en la realidad de esas experiencias o que las atribuya a una u otra causa. Lo que nadie puede discutirle a otro es el derecho a expresar sus creencias sin miedo a la descalificación. Sin embargo, dada la realidad social en que vivimos, es comprensible que estas personas sientan reparo a manifestarse en público.



El respeto al que piensa o actúa de un modo distinto al nuestro sigue siendo escaso. Se ha avanzado mucho, sin duda alguna, al menos en la parte del mundo en que tenemos la suerte de vivir. Las diferencias raciales, de criterio, de opción sexual, etc., ya no llevan a nadie a la cárcel. Prevalece, sin embargo, una tolerancia mal entendida; esa postura apoyada en una falsa superioridad que condesciende con las diferencias desde un profundo desprecio. O tal vez no es que la tolerancia se entienda mal. Tal vez el error reside en una propaganda equivocada, la propaganda que se ha hecho a la tolerancia desde las instituciones, los colegios, las organizaciones, presentándola como garante de la convivencia social. Con la sana intención de civilizarnos, de eliminar de la sociedad las manifestaciones expresas de rechazo al diferente, nos ensalzan a la tolerancia como un valor cívico instándonos a todos a practicarla. Pero tolerar, nos dice la Academia, es permitir algo que no se tiene por lícito sin aprobarlo expresamente y, en una segunda acepción, resistir, soportar. Dada nuestra experiencia histórica, podríamos pensar que ya es mucho que nos soportemos los unos a los otros sin agredirnos. Pero si reflexionamos sobre el destino del ser humano, una criatura inteligente capaz de anhelar y perseguir la felicidad como fin de su vida, resulta obvio que deberíamos aspirar a mucho más.

La tolerancia, como actitud externa que es, tiene la cualidad y el espesor del maquillaje, y como el maquillaje, está sujeta a la moda y puede agrietarse a poco que se rasque. Hoy, mientras la mayoría de los profesionales de la información sigue observando el llamado "lenguaje políticamente correcto," y aún son pocas las personas que se atreven a manifestar públicamente sus prejuicios, la intolerancia empieza a colarse por todas las grietas como un chaparrón, desmaquillando a muchos que toleraban porque no les quedaba otro remedio, pero que nunca hicieron esfuerzo alguno por aprender a respetar.

En España, la moda de la tolerancia está cambiando peligrosamente. El insulto y la descalificación al que se considera contrario se impone en la tribunas, en los medios, y empieza a imponerse en la calle. La prueba más llamativa y preocupante puede encontrarse en la red. En grupos, listas y foros de debate las palabras gruesas saltan entre miembros de ideas opuestas como auténticas bofetadas virtuales. Ese pugilato verbal de creyentes contra ateos, conservadores contra progresistas, escépticos contra parapsicólgos y viceversa, revela con toda crudeza la fragilidad del maquillaje social y el fondo oscuro de intolerancia que se descubre en cuanto el individuo se siente protegido por el anonimato, a solas o disuelto en una multitud.

La intolerancia es un fenómeno individual, síntoma de trastornos que pertenecen al campo de estudio de la psicología. Pero en un caldo de cultivo propicio, el síntoma se convierte en epidemia y pone en peligro la convivencia social. La necesidad de prevención, como en el caso de cualquier enfermedad, es evidente. Lo que se debe cuestionar y corregir es la eficacia de las medidas preventivas. No basta exigir a las personas que permitan, resistan o soporten aquello que no consideran lícito. Hay que enseñar, además, a aceptar que algo puede ser lícito aunque a uno no se lo parezca. Hay que enseñar y preconizar por todos los medios el respeto al otro como consecuencia del respeto a uno mismo; la certeza moral de que no se puede dar rango de verdad incuestionable a concepto alguno que implique el desprecio o el ataque a quien sostiene un concepto distinto. Eso no significa, como temen algunos, caer en el relativismo moral absoluto en el que todo vale. Sería contradictorio si se acepta como verdad universal el respeto a los derechos propios y ajenos. Hay que ser intransigente en la defensa de esa verdad. Hay que ser intransigente con cualquier concepto o actitud que ponga en peligro nuestra dignidad y nuestros derechos y la dignidad y los derechos de los demás.

Volviendo al mensaje de Genoveva que provocó estas reflexiones, no cabe duda de que uno de los mejores homenajes que ha recibido el profesor Fassman es ese convencimiento de algunas personas de que sigue ayudándolas mentalmente. No hay prueba más incuestionable del éxito de su labor profesional. Pero prueba aún mayor sería que aquellos que están convencidos de que pueden comunicarse con él, defendieran su derecho a contarlo. Como se sabe, la mejor forma de defender un derecho es ejerciéndolo.

domingo, marzo 18, 2007

Escepticismo doloroso


Domingo de marzo de 1948. El local de la Sociedad Recreativa l'Amistat de Mollerusa, con un aforo de entre 500 y 600 espectadores, está completamente lleno. El profesor Fassman presenta su espectáculo de mentalismo e hipnotismo. Los números del espectáculo van arrancando aplausos entusiastas de un público asombrado. De pronto un joven de 23 años empieza a gritar: ¡Trampa! ¡Tongo! Algunos le abuchean. El profesor Fassman pide calma con las manos e invita al joven a subir. El joven acepta el reto envalentonado por la presencia de la novia a quien quiere impresionar. Fassman le mira fijamente. -Usted cree que esto es trampa-, le dice con voz tranquila. El chico se reafirma en su postura. -Pero usted se siente muy mal-, sigue Fassman, mirando fijamente al escéptico. El chico no responde. -Muy mal-, insiste Fassman levantado la voz. -Tiene un dolor de estómago insoportable-, grita. El chico se abraza la barrgia con un gesto de dolor. -Y la espalda, le duele la espalda-, grita Fassman, y de la espalda pasa a las piernas, y el chico acaba revolcándose por el suelo aquejado de dolores insoportables en todo el cuerpo. Fassman le grita entonces que hace un frío insoportable y el chico empieza a temblar, e inmediatamente le grita que hace calor y que no puede soportar la ropa y el chico empieza a desnudarse. Cuando el valiente maleducado vuelve en sí, se encuentra en calzoncillos ante su novia y ante toda la concurrencia que había intentado soliviantar.
Esta anécdota nos llega con nombre y apellidos por expresa voluntad de quien nos la ha relatado. El joven se llama Josep Solsona Graus y nuestro colaborador es su sobrino, Joan Maria Rosell Solsona. Joan Maria vive ahora con su esposa en Sort. Excelente narrador de memoria prodigiosa, su conversación nos proporcionó un rato sumamente agradable. Volveremos a vernos en el Bar de Pei con la seguridad de divertirnos a la vez que escuchamos cosas muy interesantes. Muchísimas gracias, Joan.
Entradas relacionadas: "Fassman y el ilusionismo"; "¿Rotundamente truco?"

Barcelona, 1988

Ayer recibimos la visita de Enric Farrús, ex-alumno del profesor Fassman de los cursos de 1988. Enric nos regaló material de aquel curso para el museo y estuvo contándonos sus impresiones sobre el profesor en las diversas ocasiones en que tuvo contacto con él tanto en el curso como en privado. En sus recuerdos, como en el de casi todos los que le conocieron, destaca el sentido del humor de Fassman, su tendencia a hacer bromas desde la más pétrea seriedad. Enric nos contó además muchas cosas suyas que revelan una gran sensilibilad. Esperamos que siga compartiendo sus experiencias con el mayor número posible de personas que, como él, atisban de vez en cuando otras realidades.


Entradas relacionadas: Akerman, ex-alumno curso 1977; Jorge Rico, ex-alumno colombiano
Profesor Ysai, ex-alumno curso 1987; Profesor Marín, ex-alumno primer curso en Barcelona



sábado, marzo 17, 2007

Ex-alumno colombiano

Hemos recibido un mensaje de Jorge Rico, economista e industrial colombiano que fue alumno del profesor Fassman en Bogotá en 1972. Nos informa que en estos momentos está impartiendo cursos de Dinámica Mental en Madrid. Publicamos su mensaje con nuestro profundo agradeciemiento.

Apreciada María: Me ha causado mucha satisfacción el habermecomunicado contigo en el día de hoy; la verdad es que nunca me enteré de la vida privada de tu padre José Mir Rocafort, a quien tuve como profesor deDINAMICA MENTAL, en Bogotá, en el mes de Diciembre del año de 1972, segúnDiploma que tengo colgado en mi habitación de Madrid.

Quiero mencionarte que tu padre gozó de mucha estimación en los círculos relacionados con los temas, en la antigua “Atenas Suramericana”, como alguna vez llamaron aBogotá. Desde muy joven me interesé por los temas y disfruté mucho del curso de tu padre; cuando tomé el curso, ya conocía bastante bien la hipnosis y tu padre sirvió para precisar mis conocimientos y acrecentarlos con todos lostemas que el curso incluía.

Te reitero lo agradecido que estuve cuando mi hermano Armando, hombre muy inteligente y apasionado por la política, después de tomar dos cursos con tu padre, dejó el alcohol para llegar finalmente al Congreso de mi país y estar allí durante 16 años.

Siempre tu padre fue objeto de admiración por parte mía, por todas sus características humanas.
Sinceramente, ha sido muy grato haber iniciado ésta relación,
cordialmente,
Jorge E. Rico

miércoles, marzo 14, 2007

Predicciones inexplicables


Mac Florido Dolcet se acuerda con frecuencia del profesor Fassman. Le recuerda, dice, cada vez que se cumple una de las predicciones sobre su vida personal que un día le hizo el profesor. Empezaba la década de los ochenta y Mac era corresponsal del diario El Segre, uno de los periódicos locales de la provincia de Lleida. Mac le hizo una entrevista al profesor y el profesor le contó la vida y milagros que le esperaban en el futuro. Dice Mac que el profesor no se equivocó, que sus predicciones se han ido cumpliendo irremisiblemente y que, con cada predicción que se cumple, el recuerdo de Fassman vuelve a su memoria como un "Te lo dije."
Este testimonio nos lleva al terreno de esa extraña especie de agujero negro que es la precognición. ¿Puede alguien "ver" el futuro? ¿Puede "materializarse" en la mente de un paragnosta algo que aún no ha sucedido? La curiosidad por el fenómeno de las predicciones puede llevarnos desde la pura charlatanería de futurólogos, echadores de cartas, etc., hasta los laboratorios de investigación de fenómenos paranormales de las más prestigiosas universidades del mundo. Es un tema que apasiona tanto al lego de cualquier nivel social y cultural, como al investigador que busca una explicación científica. Y es natural que sea así. La incertidumbre ante lo que va a suceder mueve a la mayoría a interesarse por la posibilidad de que alguien sea capaz de predecirlo, y son muchos los que pagan a quien sea sólo para aliviarse el temor a lo que les pueda pasar.
Pero este no es el lugar adecuado para adentrarnos en esa coordenada misteriosa en que el futuro parece irrumpir en el presente. Hablaremos del tema en los artículos de la web y, por supuesto, trataremos el tema a fondo en la biografía. Como mentalista, Fassman "jugó" a predecir el futuro durante sus años de teatro. Uno de los números que más impresiona en este tipo de espectáculos es cuando sube al escenario alguien del público para participar en una prueba y el mentalista le dice de sopetón que le van a tener que operar de la vesícula. Se trata de un truco fácil y su precisión y espectacularidad depende, como en todos los trucos, de la calidad del ilusionista. Fassman tenía unos conocimientos muy profundos de fisiognomía y caracteriología que, unidos a una habilidad de observación fuera de lo común, le permitían "dar en el clavo" de una forma espectacular. Pero esto no era, por supuesto, precognición, ni Fassman presumió nunca de que lo fuera. En la propaganda de su espectáculo, como en la de todos los de los mentalistas de su época, se le atribuían todos los poderes sobrenaturales imaginables. Fuera del escenario, Fassman explicaba a cualquiera que se lo preguntase que esos "descubrimientos" del pasado o del futuro se basaban en una adecuada observación del presente. Cuando un periodista le pedía alguna predicción, Fassman cumplía con el guión establecido en estos casos basándose, como él mismo admitía en privado, en un rápido cálculo de probabilidades y amparándose, como el mismo decía que hacen todos los futurólogos, en la certeza de que ese tipo de predicciones nunca afectan al "profeta." Son muy pocos los que recuerdan las predicciones de año nuevo que aparecen en las revistas, y aún menos los que dejan de ser fieles o clientes de un futurólogo porque éste haya tenido un desliz.
No habría nada más que decir sobre el asunto si el asunto se quedara aquí, pero en el caso de Fassman, las predicciones trascendían lo que eran meros números de espectáculo o pura propaganda. Las propias explicaciones racionales del profesor se estrellaban una y otra vez cuando en su despacho y en lugares y circunstancias diversas, de pronto empezaba a decirle a su interlocuor lo que le ocurriría en el futuro con la misma naturalidad con que le hubiese hablado de su presente, y cuando aquello que él decía que iba a ocurrir no podía en modo alguno deducirse de ningún dato, ni presente ni pasado.
Mac nos cuenta una de esas inexplicables irrupciones del futuro en la mente de Fassman de la que fue testigo su madre. El fenómeno que se produjo en aquel momento no admite ninguna explicación racional. En él se mezclaron las dotes de precognición que contribuyeron, más que cualquier otra circunstancia, a convertir a Fassman en una leyenda y ese "sentido" que le hacía ver a la muerte de lejos y que marcó toda su vida. Pero relataremos esa anécdota en la próxima entrada porque preferimos que sea la propia Sra. Dolcet la que lo cuente.
La verdad es que nuestra conversación con Mac va a dar para más de un tema. Tiene nuestro agradecimiento multiplicado por todas las entradas que su testimonio nos permitirá ofrecerles.
Entradas relacionadas: "Fassman y el ilusionismo" 6 de septiembre de 2006; "La Lotería" 22 de noviembre de 2006; "La despedida" 27 de noviembre de 2006; "Otro paso adelante" 14 de enero de 2007

sábado, marzo 10, 2007

Miguel G. Aracil abre una puerta oculta


Recibimos un mensaje de Miguel G. Aracil, periodista que ha colaborado en revistas como "Más Allá," "Año Cero," "Enigmas" y "Misterios de la Arqueología" y escritor con 45 libros publicados entre los que destacan "La Cataluña Maldita," "La Cataluña Mágica" y "Vampiros, mito o realidad." Le respondimos enseguida y él tuvo la amabilidad de ampliar su primer mensaje aportando información y opiniones de mucho interés.

A continuación, reproducimos sus palabras íntegramente.

Hola:
Veo que teneis una página web dedicada a Josep Mir Rocafort, Fassman.
Hace 21 años, yo era coordinador de redacción de la muy mediocre, por no decir incomible, revista especializada "Karma 7". En aquel momento, el director de dicha publicación, Josep María Armengou y yo mismo, decidimos hacer un homenaje a Fasman en el salón Comedia de Barcelona al que acudieron más de cien personas, donde se le concedieron placa y medalla conmemorativa. Recuerdo perfectamente aquello, pues por aquel entonces yo acababa de publicar mi primer libro ( ahora tengo 45 publicados) y le dediqué uno a Josep Mir.
Aún recuerdo el evento ( no precisamente con agrado) en que se hicieron fotos, se dieron palmaditas en la espalda y demás, y recuerdo que durante las casi tres horas de la cena y demás parafernalia, no conseguimos que Fassman tan siquiera sonriera ni diera las gracias. Supongo que en el fondo no estaba a gusto en aquel lugar, lo que no me extraña.
Es solo una anécdota que supongo no conocíais.
Un saludo y felicidades por vuestro pueblo, que tantos recuerdos de juventud me trae.
Miguel G. Aracil


Respondí a este mensaje enseguida y recibí la siguiente respuesta:

Hola María:
Puedes publicar lo que quieras de lo que te he contado. Conocí bastante bien a tu padre, entre otras cosas porque tengo mi despacho muy cerca ( desde hace casi 25 años), tocando a Muntaner, cerquita de donde él tenía su despacho, y habíamos hablado bastantes veces y contado cosas interesantes.
Posiblemente en mis archivos personales tenga alguna foto de dicho evento, que si no recuerdo mal, eran en blanco y negro. Tengo la fecha exacta: 18-4-86, pues en esa ocasión y en el mismo acto me dieron una medalla conmemorativa.
Un abrazo, y si necesitas datos que tú posiblemente no tengas y yo, quizá, solo digo quizá sí, me los pides.
Miquel G. Aracil


Una vez publicada la entrada con sus dos mensajes, se la enviamos por e-mail y, a pesar de estar muy ocupado dando los toques finales a su último libro que aparecerá en abril, el Sr. Aracil sacó tiempo para enviarnos otro mensaje que también reproducimos a continuación.


Estimada María:

Me parece perfecto y puedes contar con mi ayuda para hacer algo tan interesante como contar quién y cómo era realmente Fassman, pues actualmente es un personaje que se mueve entre la leyenda y el olvido, y no hay cosa que me reviente más, que se olvide tan pronto a quién fue más popular fuera de las fronteras de España que dentro, cosa muy habitual en nuestro país.
Hasta hace cuatro meses en que cambié de despacho, aunque sigo estando en el mismo edificio, tenía en una de las estanterías de mi bien surtida biblioteca un péndulo que me obsequió tu padre y que llevaba grabada la palabra "Fassman". Era plateado, bastante mal acabado y creo que me contó que se lo habían hecho para un kid que formaba un curso de ¿ hipnosis?.
Es formidable que, ya no como hija, sino como catalana vuelvas a "resucitar" históricamente, pues como agnóstico no creo en otro tipo de resurecciones, a quien fue maestro de mucho "trepa" que actualmente alardean de ser los "paters" de la hipnosis española, cuando todos, o casi todos, bebieron de las fuentes de tu padre.
Puedes colgar todo lo que te cuento, pues jamás me escondo de nada ni de nadie, y aguanto lo que digo a capa y espada. Quizá por eso mi personaje preferido sea el Capitán Alatriste.
Un abrazo y ahora continúo con las correcciones de mi último libro, que debe aparecer a la venta el próximo Sant Jordi, y mañana por la tarde ya tiene que estar en manos de los maquetadores y correctores.
Un abrazo, y ánimo, que Josep Mir se merecía algo más de lo que le ha dado mucha gente que lo conoció, o sencillamente que lo vió en una ocasión de lejos, y ya alardea de "haber sido su amigo"

Miquel G. Aracil

Por supuesto, agradezco mucho su testimonio y acepto su ofrecimiento que, seguramente, aportará muchos datos interesantes.
Muchas gracias, Miguel, en mi nombre y en el de mi padre.





Un testimonio imprescindible



María Rafel Farré nació en Sort el 9 de junio de 1916, hija de Antonia y Pompeyo. Es lo que dice el documento nacional de identidad que nos ha dejado su nieta. La foto del documento dice también muy poco. Esas fotos oficiales nos suelen captar rígidos, malencarados, como si al saber que estamos cumpliendo una obligación que nos arranca de nuestro mundo privado para convertirnos en objeto público, pusiéramos a posta nuestra cara más agria. Gemma, la nieta de María, nos ha ofrecido otra foto donde su abuela sale mejor, pero en la que tiene la rigidez que impone el fotógrafo cuando se nos planta delante en un estudio como si fuera a pegarnos un tiro. A pesar del gesto forzado, en las dos fotos se percibe un carácter enérgico y una sensibilidad fuera de lo común. Yo diría más, pero sé que si su expresión en esas fotos me dice tantas cosas, es porque les adhiero el recuerdo de tantas cosas como me dijo en vida.
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No hubo vez que nos cruzáramos en el pueblo, y nos cruzábamos casi todos los días, en que María de casa Agustinet no me contara algo de Pep de Mariot y su familia. Del profesor Fassman sabía poco más que sus otros amigos del pueblo. Compartía con él la afición por la pintura y eso probablemente les dio más tema de conversación, pero no eran esas conversaciones lo que recordaba María. Sus recuerdos pertenecían a la época en que el profesor Fassman era Pep de Mariot y el padre de Pep, a quien todos llamaban Senyor Mir, imponía un respeto exagerado por su extrema severidad. Quiso el destino que María de Agustinet tuviera que pasar una temporada en la casa que los Mir tuvieron en Monzón, provincia de Aragón, durante la guerra. Allí compartió la vida de la familia y de allí se llevó los recuerdos que luego compartió conmigo. Gracias a María de Agustinet esos recuerdos iluminarán en la biografía la etapa más desconocida en la vida del profesor.
Entrada relacionada: "Escena familiar"; Casa Mariot

miércoles, marzo 07, 2007

Relajación y 9 pasos hacia el éxito en podcast

Gracias al número de visitantes, seguimos superando el máximo de transferencia mensual contratada con el servidor a pesar de haber ampliado nuestro plan. Esto nos obliga a alojar los audios de "Relajación" y "Nueve pasos hacia el éxito" en un servicio de podcast. Desde ahora podreis escuchar las grabaciones del profesor tanto en la web como en esta bitácora. Muchas gracias a todos.